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Glamorosa Tentación
Giselle decidió construir el amante perfecto. Le eligió a sus amigas pero no eligió de cuál se enamoraría…
Giselle Bouchard ha desfilado para todas las casas de moda, ha dicho que no a hombres que jamás lo habían oído, y hace años que nada la sorprende. Hasta que un chico calla en una fiesta donde todo el mundo habla.
Alexander no pertenece a ese mundo y no finge lo contrario. Es exactamente eso lo que Giselle decide poner a prueba.
No lo seduce. Lo somete a un plan. Una tras otra, le presenta a las mujeres del circuito — una modelo italiana que colecciona amantes como colecciona portadas, una coleccionista de arte, una modelo brasileña que nunca ha oído la palabra no, — y a cada una le concede una noche para enseñarle algo. Giselle observa. Toma notas pero no lo toca.
Lo que empieza como un juego de una mujer aburrida se convierte en otra cosa cuando el alumno deja de necesitar profesoras. Alexander aprende rápido, y aprende a mirar a Giselle como ella mira a todos los demás: midiéndola.
Para entonces ya no está claro quién construyó a quién, ni cuál de las dos era la lección. Y una de las mujeres del plan ha dejado de seguir el guion.
Glamorosa Tentación no es una fantasía sobre el lujo. Es una fantasía sobre el poder de decidir qué hombre sale al mundo, y sobre lo que cuesta descubrir cuando ya no obedece las reglas.